Las brechas digitales-sociales que ha potenciado la pandemia: antes, durante y después
Existe toda una discusión en la actualidad en torno a las brechas que ha generado la pandemia en el ámbito social y educativo, donde un actor principal han sido las tecnologías, tanto donde a nivel de habilidades y acceso, se ha ampliado la brecha existente. Pero esta brecha ya existía, puesto que en gran parte es fruto de la desigualdad social existente en Chile y América Latina, por lo que la pandemia simplemente la ha sometido al escrutinio público, además de ampliarla, lo cual además permite vislumbrar una serie de efectos a futuro en cuanto al crecimiento de la desigualdad, dado que la falta de acceso a tecnología deja a una parte importante de la población sin posibilidad de teletrabajo y educación, lo que redunda en habilidades tecnológicas no desarrolladas que posteriormente repercuten en no poder mejorar el acceso a mejores trabajos y renta, con lo cual se reproduce el círculo de la desigualdad.
En base a ello, este artículo revisa la evolución de la brecha (desde la mirada del año 2021, fecha en la cual se escribió), su impacto específicamente en materia educativa, así como se entregan algunas recomendaciones para du disminución, partiendo de la premisa que la brecha digital no es sólo de habilidades tecnológica, sino en parte importante, es evidencia de una brecha social, por lo cual se hace necesario avanzar en ambos puntos para poder disminuirlas, dado que están estrechamente asociadas.

1.- Introducción
El acceso a tecnología es un indicador importante a la hora de constatar las brechas y desigualdades presentes en una sociedad, dado que está asociado a la capacidad adquisitiva de las personas. La actual pandemia, para el caso de América Latina y el Caribe, según datos de la CEPAL, ha significado que hoy existan 22.000.000 más de pobres con respecto a inicios del año 2020 (CEPAL, 2021), con lo cual aumenta además la pobreza extrema, proyectándose un panorama sombrío dado que la recesión económica estará presente un par de años en la economía de la región, dejando actualmente a 231.000.000 lo que equivale a más de un tercio de la población total. Esta situación ampliará la ya existente brecha digital, la cual se calculaba en el año 2020, en que un 60% de la población mundial no posee conexión a internet, lo que los excluye de una serie de situaciones que en el contexto actual han sido claves, como el teletrabajo, comercio digital y educación en línea, 3 ámbitos claves que han llegado para afianzarse definitivamente en la sociedad actual y de la cual, debido al empobrecimiento de la sociedad en general, ampliará la brecha existente al menos en los próximo 10 años.
Este contexto evidencia una doble brecha que constituye un círculo vicioso: la brecha socioeconómica y su impacto social limitan el acceso a las tecnologías de una parte importante de la población, situación que ya existía, pero hoy se agrava, generando un segmento social que no puede acceder al teletrabajo o al educación a distancia, con lo cual no se desarrollan habilidades tecnológicas claves para enfrentar el mercado educativo y laboral en la actualidad, lo que redunda en disminución de acceso a mejores trabajos y con ello a reproducir la pobreza.

2.- Estableciendo un punto de partida: SIMCE TIC 2011
Si bien es obvio establecer una brecha de acceso a la tecnología en Chile desde fines de la década de los años ‘80, debido a una incipiente penetración básicamente de equipos computacionales en algunos establecimientos educativos (básicamente privados) con la finalidad de levantar los alicaídos resultados académicos, se intenta con la creación de la Red Enlaces en 1992, reducir esa creciente brecha, llevando la computación a los establecimientos públicos y subvencionados, bajo la siguiente premisa: “si el corazón de los procesos de enseña-. Aprendizaje late en la escuela, en la sala de clases, es en ella donde la política educacional debe poner el énfasis” (Bellei, 2010, pág. 17). El éxito de esta iniciativa fue que dotó de acceso a equipos computacionales, programas e internet a muchos establecimientos educativos a lo largo del país, aunque la adaptación tecnológica a nivel de integración curricular de tecnología tuvo resultados disímiles, por lo tanto, su impacto a nivel del aprendizaje de los estudiantes no fue el esperado.
En el año 2011, el país llevó una evaluación inédita: el SIMCE TIC. El SIMCE es una evaluación estandarizada que se aplica de forma nacional y obligatoria en ciertos niveles y sectores de aprendizaje, pero que hasta ese año nunca había incluido el tema de la tecnología, dado que tampoco esta es un sector de aprendizaje tradicional, sino se ha desarrollado de forma transversal. Los resultados de esta primera medición fueron bajos y la instancia se replicó por segunda y última vez el año 2013, con resultados similares.

La evaluación del año 2011, arrojó que el 73% de los estudiantes del país sólo obtuvo un resultado de nivel inicial con respecto al uso de la tecnología, que sólo el 8,5% de los sectores socioeconómicos altos se encuentran en el nivel inicial y el 17% de este grupo se encuentra en nivel avanzado, en contraste con el 0,3% que obtiene avanzado en el nivel socioeconómico más descendido. A nivel general los resultados son: el 46,2% de los estudiantes se encuentra en nivel inicial, un 50,5% en intermedio y sólo el 3,3% en nivel avanzado (Enlaces, 2015).
Otros resultados que deja esta evaluación son que existe una correlación entre nivel de logro y grupo socioeconómico, traducido también en los niveles de logro por tipo de establecimiento. Además, se debe sumar que los mejores resultados se encuentran en la región metropolitana lo que evidencia que la desigualdad tiene una manifestación territorial importante. Por otro lado, quienes tienen internet en sus hogares poseen un buen desempeño en la evaluación que fue fundamentalmente de carácter técnico.

La evidente brecha que se aprecia de estos resultados, es la misma que se presenta en la PSU (hoy prueba de transición para la admisión superior) para el acceso a la educación superior, en relación a que los grupos socioeconómicos altos presentan buenos resultados en contraste con los grupos más descendido. Esto se puede explicar en el caso de las tecnologías por aspectos técnicos como acceso a los dispositivos computacionales o tasa de conectividad, ambos asociados al poder adquisitivo del grupo familiar, pero también por razones pedagógicas como la baja tasa de integración de tecnología que se da en establecimientos municipales o subvencionados que atienden a los sectores más vulnerables, ya sea por resistencia docente o por no conocer la tecnología, incluso muchas veces su limitado acceso. Esta situación tiene una alta carga en la proyección de los estudiantes, dado que hace que algunos estudiantes miren las tecnologías sólo con un fin de entretención, mientras los sectores socioeconómicos altos, tienen la posibilidad de darle un uso productivo, situación que repercute por ejemplo en las habilidades tecnológicas que los estudiantes desarrollan preparándose para su vida adulta y también en el estudio.
Finalmente, estos resultados no sólo evidencian la brecha digital asociada a temas económicos, sino también cuestiona el concepto de nativos digitales, ya que si bien se reconoce que las generaciones que nacieron desde los años 80`en adelante posee un mayor desarrollo tecnológico, este sin la formación adecuada, sin la dirección pedagógica, termina siendo un uso funcional, incompleto y sin poder aprovechar el verdadero potencial de las tecnologías en el ámbito del aprendizaje.

3.- La brecha actual en términos de tecnología y educación: lo que demuestra la pandemia
En el punto anterior se analizó que los resultados del SIMCE TIC 2011 vinieron a evidenciar una vez más la relación entre poder adquisitivo y resultados académicos. Esta brecha persiste y el contexto actual lo ha dejado en evidencia. Si bien en los últimos años ha mejorado el acceso a dispositivos informáticos, así como el acceso a la conexión de internet en comparación con la década anterior, también hay que indicar que esa mejora es limitada, que se da básicamente en la zona metropolitana de Chile y finalmente, que las calidades de ambos elementos, tanto dispositivos como conexión, es solamente regular, además de la situación familiar de los grupos socioeconómicos más descendidos en la sociedad que no tienen posibilidad de hacer teletrabajo, lo que repercute en que las soluciones promovidas con ayuda de tecnología, básicamente las clases en línea, no han funcionado para todos por igual, establecimiento otra brecha: el avance académico que tendrán los estudiantes en estos dos años, donde los grupos más favorecidos no verán mayormente alterado su aprendizaje, versus los grupos más desfavorecidos, donde la escolaridad intermitente, la disminución e de horas y su propia capacidad para no poder cumplir con todas las existencias del proceso académico virtualizado, simplemente acrecentarán la conocido brecha educativa que ya existe.

Si bien la pandemia desde el punto de vista sanitario afecta a todos por igual, la capacidad de sobrellevarla mejor se encuentra localizada en los grupos sociales con mayores ingresos, dado que, para el tema educativo, por ejemplo, disponen de varios dispositivos computacionales, generalmente de alta calidad y conexiones a internet estables, o al menos varias de ellas. Por ejemplo, en algunos hogares cada integrante suele tener un notebook además de algún computador familiar, cada uno con un dispositivo móvil de altas prestaciones y cada uno con su propio plan con acceso a la red, mientras en hogares más vulnerables, suele haber un computador que se debe utilizar entre varias personas, por lo cual prima el uso de los celulares, muchos de los cuales no tienen conexión a internet con un plan propio y deben depender de una sola conexión existente en el hogar. Si bien los datos demuestran que hay más celulares que personas en Chile y una tasa de acceso a la red que bordea el 90%, claramente esos datos no permiten ver un porcentaje de la población que no está en esta estadística, debido a que uno de los problemas de esos datos es que representan una concentración y una mirada urbana básicamente de un país fuertemente centralizado. Esto generalmente es posible de resolver en tiempos normales, donde los estudiantes se desplazan a sus lugares de estudio donde pueden disponer de equipos o conexión ilimitada (ya que los planes de celular mayoritariamente poseen limitaciones), pero hoy en día en un contexto en que se debe estar en casa, ciertamente los recursos para enfrentar el proceso educativo han sido insuficientes.

Una primera brecha que ha quedado en evidencia es la capacidad de los establecimientos escolares para responder a la exigencia actual. Durante el año 2020, una parte importante del sistema si bien virtualizó la enseñanza, esta se tradujo en el envío de materiales y de videos grabados por los docentes, siendo una parte menor la que enfrentó el año con clases en línea mediante herramientas como Zoom, Meet y otras. Sin duda, el que un estudiante pueda disponer de una clase con interacción directa con el docente y sus compañeros genera mayor aprendizaje que una orientación remota. Solamente desde mediados del año anterior y sobre todo, desde este año 2021, los establecimientos en su mayoría avanzaron a generar clases sincrónicas, en tiempo real a sus estudiantes.
Por otro lado, los centros escolares de mayores recursos rápidamente invirtieron en equipamiento, en compra de licencias para disponer de mejores opciones de videoconferencia y en capacitación para su cuerpo académico, mientras el resto de los establecimientos apeló a la autogestión en principio y luego, los establecimientos municipales a ciertos convenios realizados por el ministerio de educación, para disponer de aulas virtuales y herramientas de videoferencia, pero sin mayor capacitación lo que ha redundado en una subutilización de los recursos. Esto ha tenido un impacto además en las metodologías de enseñanza, dado que existe un grupo de docentes que se han formado en cómo trabajar en la virtualidad, mientras otro grupo ha buscado ayuda por su cuenta, ya sea en tutoriales de la red, webinar gratuitas y otras instancias básicamente técnicas, faltando profundizar en torno a cómo dinamizar un encuentro en línea, como hacer participar los estudiantes, donde acceder o como elaborar recursos y otra serie de temas que nuevamente generan una brecha en la calidad del proceso de enseñanza que reciben los grupos socioeconómicos más altos en contraposición a los más descendidos.

La UNESCO indicó con respecto a la virtualización de la enseñanza a partir de la pandemia que habría consecuencias negativas tanto sociales, como económicas y obviamente educativas (UNESCO, 2020), dado que muchos estudiantes dependen exclusivamente de desarrollada en el mundo escolar, muchos de su infraestructura y todavía un porcentaje importante de la asistencia alimenticia y en otros ámbitos que prestan las instituciones escolar, sin contar que una parte importante de la población cuenta con tener a sus hijos en el colegio mientras ambos padres trabajan. A pesar de los planes de priorización curricular y otra serie de acciones paliativas que se han tomado o que se van a implementar resulta claro, que los sectores más vulnerables verán mayormente afectado su aprendizaje que aquellos que han podido desarrollar su proceso sin mayores sobresaltos. De esta manera se tiene que claro que son los grupos más desfavorecidos los que ven mayormente afectado tanto su aprendizaje como su vida. Ese costo es más alto en este grupo donde sus familias que han visto disminuidos sus ingresos o simplemente perdido su fuente laboral no podrán optar con el apoyo necesario para recuperar el aprendizaje, por lo cual se hace necesario un conjunto de políticas estatales de mitigación donde la tecnología nuevamente resulta esencial, pero si no se resuelven los problemas de base de habilidades, dispositivos y conectividad, cualquiera de estas acciones no tendrá el efecto esperado de remediar en parte lo perdido por lo menos a nivel formal.

Además, como se ha visto en la realidad, las condiciones que poseen los estudiantes para seguir los procesos formativos en línea no son similares, tanto en acceso como en conectividad, pero tampoco lo son en torno a un espacio adecuado. Al respecto, Cecilia Saint Pierre indica que “La mayoría de los estudiantes vive con su grupo familiar, y estando en cuarentena, no podemos asumir que tendrán un lugar cómodo y tranquilidad en el momento de la conexión con la clase” (Mundaca, 2020), esto es especialmente importante en los sectores más vulnerables que suelen presentar hacinamiento por ejemplo o de no tener las instalaciones mínimas para que un estudiante pueda trabajar, lo que evidencia otra dimensión social de esta brecha. Asimismo, la falta de preparación para esta modalidad y sobre todo la presión sicológica que genera el contexto actual, ha generado que tantos estudiantes, como sus familias, docentes y básicamente todos los actores asociados a la educación hayan presentado altas dosis de estrés y otros problemas sicológicos que no se han atendido debidamente a partir de las exigencias del día a día, pero que es necesario atender para que no provoquen problemas mayores a mediano plazo.

Tecnología y sociedad van de mano hoy en día, lo que es posible de observar en la alta dependencia tecnológica de todos los sectores productivos y de la vida diaria de las personas, por ello se hace necesario reducir las brechas de acceso a dispositivos y conectividad a internet que permita al menos, que todos cuenten con las mismas posibilidades, situación en la cual el diagnóstico es claro en indicar que hasta el momento no ha sido posible debido a que también esto está estrechamente relacionado con la realidad social estructural, sin embargo en el mundo actual, es posible, con acuerdos sociales transversales, poder cubrir algunas de estos puntos a corto y mediano plazo, como se verá posteriormente en algunas sugerencias de mejora. Si bien que sea posible no significa que sea fácil, dado que, a mundial, sobre todo el acceso a la red es deficiente, por ello incluso la UNESCO viene hace años trabajando en indicadores que regulen la inclusión digital, dado que el acceso a los medios de información, expresión y participación existentes en la red, sí como el comercio y educación son claves para combatir las diferentes brechas existentes (Galperin, 2017). La inclusión digital pasa a ser así un desafío de carácter mundial que ha cobrado más vigencia en actual pandemia y que muestra que las brechas son estructurales en el mundo y no sólo parte de la historia de un país.

4.- Proyecciones de brechas a futuro
Uno de los grandes temas que esta pandemia ha adelantado sin duda, es el teletrabajo y la educación online ya no sólo a nivel superior, sino también como una alternativa a la educación escolar. Es por ello que desde hoy se debe comenzar a discutir y legislar en torno al teletrabajo, fundamentalmente de establecer los límites y alcances del mismo, el tipo de relación, la carga laboral, la inversión, monitoreo, y una serie de acciones asociadas al trabajo a distancia. Por otro lado, la formación online también requiere de establecer a nivel país criterios y estándares de calidad, buscar las plataformas más adecuadas y, sobre todo, avanzar en integrar metodologías efectivas y particulares de la educación en línea. Ambos temas, son claves en el desarrollo país a mediano y largo plazo, pero para ello es necesario reducir al menos las brechas ligadas al acceso a la tecnología.

En el mundo escolar un gran desafío será reducir la brecha de conocimientos que ha generado la pandemia, pero también se percibe que se transitará a experiencias escolares híbridas, por lo cual si eso se vuelve una demanda social, el mundo escolar deberá comenzar a prepararse para que algunas horas de formación pasen de manera permanente de ser presenciales a virtuales, lo que involucra no sólo un tema técnico sino sobre todo, formación en metodologías de trabajo a distancias bajo diseños instruccionales contextualizados y pertinentes a la edad de los estudiantes y a sus resultados de aprendizaje. Esto puede terminar siendo una nueva brecha si el estado no se encarga de la parte del sistema que está bajo su alero, ya que probablemente la educación privada está proyectándose en esa lógica, como por ejemplo en algunas universidades que tímidamente habían desarrollado carreras e instancias de postgrado online y que desde el 2020 se han trasformado y han abierto el futuro a la masificación de estos programas, donde nuevamente el rol del estado como garante de la calidad se hace necesario, sino queremos generar nuevas brechas.

Por otro lado, el Informe Horizon (Educause, 2019) que analiza las nuevas tendencias educativas con uso de tecnología, es una fuente importante para revisar las tendencias en la materia a futuro y con ello vislumbrar las brechas venideras. Si bien existe la versión 2020, la versión 2019 funciona como un interesante recuento de la última década. Dentro de los puntos de interés plantea que a corto plazo el punto del rediseño de los espacios de aprendizaje y sobre todo el avance de los diseños formativos híbridos, es decir, que integran presencialidad y componentes a distancia, situación que luego de la pandemia se afianzará junto a la oferta de estudios online, por lo que se hace necesaria su supervisión y aseguramiento de la calidad.
El informe indica a mediano plazo la necesidad de avanzar en culturas innovación lo cual con las brechas existentes se hace complejo, pudiendo llegar a segmentar más el sistema educativo o el mundo laboral, entre grupos que lo logren y otros que no. Además, se hace referencia al enfoque en la creciente medición del aprendizaje a través de herramientas digitales, lo que puede ayudar a tomar decisiones pedagógicas de mejora por ejemplo o que apunten a un aprendizaje personalizado, pero para ello es necesario que las instituciones educativas cuenten con tecnologías similares o de prestaciones equivalentes para que la brecha no se extienda entre quienes puedan analizar y potenciar el aprendizaje con ayuda de plataformas, de los que no.

Finalmente, el informe indica que, a largo plazo, se debe pensar en cómo funcionan las instituciones educativas, fundamentalmente a partir de ser más flexibles en cuanto a mallas formativas y modalidades formativas donde la virtualidad es una de las respuestas para que los estudiantes puedan compatibilizar los estudios con la familia y en el mundo universitario eventualmente el trabajo. Para esto se hace necesario que las instituciones logren acuerdos y funcionan de forma equivalente. Por otro lado, la existencia de grados modularizados y desagregados a nivel universitario permitiría que quienes no concluyan sus estudios puedan tener reconocidos los módulos aprobados aun cuando no finalicen el proceso completo, lo que invita al mundo laboral a pensar en operar sobre habilidades más que solamente sobre títulos y grados, situación que también podría ayudar en reducir la brecha de aquellas personas que, por temas económicos generalmente, dejan sus estudios.

Por otro lado, algunos desafíos concretos son potenciar el aprendizaje móvil, que hoy se justifica en que las personas mayoritariamente usan el celular como dispositivo de acceso a la red, para lo cual es necesario pensar en los métodos que se contextualicen a esta realidad, una formación segmentada en insumos educativos breves (cápsulas o videos, por ejemplo) y en actividades prácticas más que teóricas, para lo cual se requiere avanzar en lograr dotar al país de una conectividad constante y que esté presente en todo el país, lo que permitiría además la existencia de instancias formativas en línea, gratuitas y fomentadas por el estado. En esta misma lógica la adopción de nuevos dispositivos para trabajar realidad mixta, realidad virtual o inteligencia artificial, ya se están imponiendo en países más desarrollados, por lo cual se hace necesario que, para no acrecentar una brecha entre países, estos puedan invertir en la dotación de estos recursos por parte de sus sistemas educativos, de lo que serán las tecnologías más usadas en el mediano plazo.

5.- Algunas sugerencias para acotar las brechas
A partir del desarrollo histórico de las brechas educativas y tecnológicas y su relación, de las brechas actuales y de las que se pueden proyectar, es necesario múltiples cursos de acción con la finalidad de acotar las brechas, su ciclo reproductivo y sus implicancias:
1.- Debe generarse una política fuerte del estado de la mano de la empresa privada en aumentar la conectividad a la red de todo el país y eventualmente disponer de una iluminación wifi o tecnologías similares que pueden estar más acotada en velocidad, pero que buscan que todos los habitantes del país tengan acceso a la red, lo que permitiría que muchos estudiantes del sistema escolar así como quienes deseen seguir estudios superiores, puedan acceder a la fuente de información que es internet pero también les permite que sea viable el continuar estudios en formato online. A su vez esto potenciaría el teletrabajo y dinamizaría la economía al poder participar todos de la economía digital. Esto debería ser una política a mediado plazo, a corto plazo se debe seguir potenciando la política entrega de equipos y de becas de conectividad, de forma permanente y no sólo asociado a la contingencia sanitaria.

2.- Un plan de fortalecimiento de la dotación tecnológica en los establecimientos educativos estatales y el levantamiento de un estándar para los que sean privados, tanto de número de equipos, actualización de dispositivos de diversa finalidad y el aseguramiento de una conexión veloz a la red. Se debe invertir en dispositivos que efectivamente puedan apoyar la labor administrativa y pedagógica de manera fuerte y no perder recursos optando a modas tecnológicas como lo fueron por ejemplo las subutilizadas pizarras digitales. Cabe destacar que toda esta introducción tecnológica requiere de planes de capacitación y, sobre todo, de seguimiento y acompañamiento de su uso en el entorno educativo. No basta con dar los dispositivos si no hay formación y apoyo en la adopción de la tecnología al menos a corto y medio plazo.
3.- Seguir con la política estatal de dotar a los establecimientos de convenidos que les permitan disponer de herramientas tecnológicas, siendo clave a mediano y largo plazo la adaptación de las aulas virtuales, de manera que se pueda complementar la enseñanza presencial con el apoyo de este tipo de entornos de aprendizaje. De la misma forma para hacer viable los desafíos a mediano y largo plazo de aumentar la formación en línea y el teletrabajo, es necesario iniciar políticas que permitan subsidiara a familias que no dispongan de los recursos necesarios para estos fines y al mundo laboral para atender el teletrabajo.

4.- Todo el avance tecnológico no tendrá mayor impacto si es que no se acompaña de:
- Un plan de alfabetización digital especialmente orientado a la población adulta y a las zonas rurales que suelen ser los segmentos que poseen menos conocimientos tecnológicos.
- Planes de uso de herramientas tecnológicas a diferentes perfiles que suelen que están fuera de los sistemas educativos formales, como el segmento de hombres y mujeres que están al cuidado del hogar, jóvenes desempleados, etc.
- Un robusto plan de formación permanente presencial y virtual (pero certificada) que permita desarrollar en todos los docentes del país, las habilidades necesarias para la integración curricular de la tecnología, con planes de integración, además de acompañar la adopción de tecnología. Se pueden generar líderes al interior de cada establecimiento y fomentar la autoformación, pero financiada de parte del estado. Esta formación no debe ser sólo técnica, sino necesariamente debe ser pedagógica, donde se exploren las potencialidades educativas que poseen diversas tecnologías.
- Potenciar la integración de habilidades tecnológicas en los programas de estudio de nivel escolar, idealmente a través de un curso específico, o en caso contrario con un seguimiento formal de las instituciones en caso de darse casos de transversalización.

- Avanzar en la certificación que requiere la formación en línea, tanto a nivel del incipiente mundo escolar como en la enseñanza superior y de postgrado.
- Explorar posibilidades de formación híbrida en el sistema escolar con el objetivo de reducir el número de horas que un estudiante pasa fuera de su hogar y poder disponer de instancias formativas que de forma presencial serían más difíciles de desarrollar.
- Fomentar el desarrollo de profesionales en áreas claves como tecnológicas orientadas al aprendizaje, innovación en educación, diseñadores instruccionales y una serie de roles que son importantes en el mejoramiento de la educación a mediano y corto plazo.

Si bien varias de estos temas propuestas han estado siendo cubiertos desde tiempos de Enlaces y posteriormente CPEIP y una serie de planes estatales, la pandemia dejo entrever el bajo impacto y éxito de los mismos, por lo que las políticas públicas al respecto deben fortalecerse y convertir en estatales, en metas país que no dependan del gobierno de turno.

6.- Reflexiones al cierre
La pandemia ha evidenciado fuertes brechas y ha desmitificado ciertas ideas construidas en base a la mirado centralista y urbana del país, como, por ejemplo, que la sociedad puede avanzar rápidamente a la formación en línea o al teletrabajo. No fue sólo el acceso a la tecnología lo que ha demostrado que como país se está lejos todavía de alcanzar esas metas, sino también de la alfabetización digital del país que todavía es insuficiente v sobre todo de la carencia de una cultura de trabajo y estudio con apoyo de tecnologías. Si bien estos temas no eran una fuerte preocupación de la sociedad pues se proyectaban a varios años, la pandemia adelantó todo este proceso de transición y actualmente demanda a la sociedad a prepararse para su rápida adaptación, por lo que se hace necesario que las organizaciones relacionadas con estos temas, así como el estado fijen planes de acción para que a corto plazo exista la infraestructura y conocimiento necesario en la sociedad para enfrentar estos nuevos desafíos que ya están plenamente instalados, no sólo en el país, sino también en el mundo.

Este gran desafío es un arma de doble filo: quienes tengan claridad de estas exigencias de corto plazo y se preparen, tendrán muchas más posibilidades que quienes estén en las mismas condiciones actuales de falta de conocimientos tecnológicos, dispositivos o acceso a la red, con lo cual la brecha digital y la social se seguirá ampliando, generando un círculo vicioso que hace de la desigualdad económica del país y que el estado no puede resolver a nivel estructural, de allí la importancia de que la sociedad aprenda a colaborar y autoformarse para acceder a nuevos horizontes educativos y mejores trabajos para poder romper esta brecha histórica en la realidad nacional y de América Latina.

7.- Bibliografía
- Bellei, C. (2010). Evolución de las políticas educacionales en Chile (1980-2009). En E. MINEDUC, El Libro Abierto de la Informática Educativa. Lecciones y Desafíos de la Red Enlaces. Santiago: Chile.
- CEPAL. (4 de Marzo de 2021). Cepal.org. Obtenido de https://www.cepal.org/es/comunicados/pandemia-provoca-aumento-niveles-pobreza-sin-precedentes-ultimas-decadas-impacta
- Educause. (2019). Horizont Report 2019 Higher Education Edition. Obtenido de https://library.educause.edu/-/media/files/library/2019/4/2019horizonreport.pdf?la=en&hash=C8E8D444AF372E705FA1BF9D4FF0DD4CC6F0FDD1
- Enlaces. (3 de Noviembre de 2015). Enlaces. Obtenido de http://www.enlaces.cl/download/simce-tic-2011-presentacion-resultados-simce-tic-2011/
- Galperin, H. (2017). Sociedad digital: brechas y retos para la inclusión digital en América Latina y el Caribe. UNESCO. Obtenido de https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000262860
- Mundaca, R. (6 de Junio de 2020). Universidad de Chile. Obtenido de Brecha digital y educación online: la pandemia no es igual para todos
- UNESCO. (12 de Diciembre de 2020). Obtenido de https://es.unesco.org/news/estudio-regional-analisis-curricular-resultados
Nota: Imágenes creadas con inteligencia artificial.
