Ponencia “Percepciones de docentes en formación inicial sobre el uso de la inteligencia artificial” – III Congreso Nacional de Educación, Cultura y Sociedad — Universidad de Playa Ancha (13 y 14 de agosto 2026)

Este jueves 14 de agosto 2026, como equipo de la Facultad de Educación de Universidad de Las Américas, y del Observatorio sobre el Uso de Inteligencia Artificial en Educación, participamos en el III Congreso Nacional de Educación, Cultura y Sociedad: “La educación entre la crisis, la incertidumbre y la (des)esperanza”, organizado por la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Playa Ancha. El encuentro se desarrolló los días 12 y 13 de agosto de 2026, en Valparaíso, y constituyó un espacio de reflexión académica, intercambio de experiencias y colaboración entre distintas instituciones universitarias. Nuestra participación se concretó mediante la presentación de la ponencia “Percepciones de docentes en formación inicial sobre el uso de la inteligencia artificial”, trabajo que desarrollamos junto a nuestras colegas, Karen Núñez Valdés y Loreto Cantillana Armijo.

La ponencia “Percepciones de docentes en formación inicial sobre el uso de la inteligencia artificial” comenzó situando la inteligencia artificial como una tecnología de doble dimensión dentro de la educación superior. Por una parte, se reconocieron sus posibilidades para innovar en los procesos de enseñanza y aprendizaje, personalizar las trayectorias formativas, ampliar el acceso a recursos y automatizar determinadas tareas relacionadas con la creación de contenidos, la evaluación y la tutoría. Por otra, se plantearon desafíos vinculados con la disponibilidad de recursos tecnológicos, el conocimiento técnico del profesorado, la protección de la privacidad, la dependencia de sistemas automatizados y la necesidad de contar con criterios éticos que orientaran su utilización. Desde esta perspectiva, la ponencia evitó presentar la inteligencia artificial como una solución automática y propuso comprenderla como una herramienta cuyo aporte dependía de las condiciones pedagógicas, institucionales y humanas en las que se incorporara.

El objetivo central del estudio fue analizar las percepciones del estudiantado de Formación Inicial Docente acerca del uso de la inteligencia artificial en contextos educativos, identificando el nivel de familiaridad con estas tecnologías, su frecuencia de utilización y la valoración de su utilidad para la enseñanza y el aprendizaje. Asimismo, se buscó reconocer el potencial inclusivo de estas herramientas y las principales preocupaciones que su presencia generaba entre quienes se preparaban para ejercer profesionalmente la docencia. El estudio se desarrolló desde un enfoque cuantitativo y bajo un paradigma positivista, considerando 144 respuestas válidas de estudiantes de carreras de pedagogía de la Facultad de Educación de la Universidad de Las Américas. La información fue recogida mediante un cuestionario en línea adaptado de un instrumento previo y validado por expertos, y posteriormente fue examinada mediante procedimientos estadísticos descriptivos e inferenciales.

La caracterización de las personas participantes mostró que se trataba, principalmente, de estudiantes jóvenes y habituados al uso cotidiano de dispositivos digitales. La edad promedio fue de 24 años, cerca del 70 % tenía entre 18 y 25 años y una proporción importante se encontraba cursando el sexto semestre de su carrera. Aunque este perfil permitía reconocerlos como una generación con una alta exposición a tecnologías digitales, los resultados demostraron que dicha cercanía no se traducía necesariamente en un dominio avanzado de la inteligencia artificial ni en su incorporación sistemática a las actividades académicas. La aparición de herramientas generativas representaba un cambio cualitativo que exigía nuevas capacidades, más allá de la familiaridad general con internet, aplicaciones y dispositivos tecnológicos.

Uno de los principales hallazgos fue la existencia de una brecha entre el acceso a la inteligencia artificial y su uso académico efectivo. Si bien la mayor parte del estudiantado podía acceder a estas tecnologías, solamente un 11,8 % señaló utilizarlas a menudo o siempre, mientras que un 54,2 % indicó que las empleaba nunca o rara vez. Del mismo modo, apenas un 9,7 % manifestó poseer una familiaridad frecuente con estas herramientas. Estos antecedentes permitieron sostener que la disponibilidad tecnológica, por sí sola, no garantizaba una integración significativa de la inteligencia artificial en los procesos formativos. El acceso aparecía relativamente democratizado, pero todavía no se convertía en una práctica habitual, reflexiva y pedagógicamente orientada.

El análisis también mostró una relación relevante entre el nivel de familiaridad y la frecuencia de utilización. La correlación de Pearson obtenida fue de r = 0,558, lo que evidenció una asociación moderada a fuerte: a mayor conocimiento y familiaridad técnica, mayor era la frecuencia con que el estudiantado utilizaba la inteligencia artificial en sus actividades formativas. Este resultado reforzó la idea de que las instituciones no debían limitarse a facilitar el acceso a las plataformas, sino que requerían generar oportunidades sistemáticas de exploración, acompañamiento y formación. La adopción dependía, en buena medida, de que los estudiantes comprendieran cómo funcionaban estas herramientas, para qué podían utilizarlas y cuáles eran los criterios necesarios para evaluar sus resultados.

En cuanto a la valoración general de la inteligencia artificial, los datos reflejaron una disposición predominantemente positiva, aunque acompañada de cierta cautela. Un 66,7 % de las personas participantes expresó una percepción positiva, distribuida entre un 38,9 % que la consideró algo positiva y un 27,8 % que la evaluó como muy positiva. Junto con esta mirada favorable, un 25 % mantuvo una posición neutral. La ponencia interpretó estos resultados como una forma de “optimismo cauteloso”: los futuros docentes reconocían las posibilidades de la tecnología, pero su evaluación dependía de las experiencias concretas que habían tenido, del nivel de conocimiento alcanzado y de la utilidad que le atribuían en sus estudios.

Entre las herramientas identificadas, ChatGPT ocupó una posición predominante. Su uso se concentró principalmente en la elaboración y estructuración inicial de trabajos académicos, la síntesis de textos extensos y la búsqueda exploratoria de conceptos o antecedentes para una investigación. La exposición destacó que estos usos respondían a necesidades inmediatas del estudiantado, como organizar información, generar ideas preliminares o procesar grandes volúmenes de contenido. No obstante, también se subrayó que las respuestas producidas por la inteligencia artificial no eran asumidas necesariamente como información definitiva, ya que una parte del estudiantado declaró contrastarlas con Google Académico, bibliografía especializada y sitios web considerados confiables. Esta práctica fue presentada como una expresión de escepticismo activo y como una base relevante para promover procesos más sólidos de alfabetización informacional y digital.

La ponencia profundizó, además, en las expectativas y preocupaciones asociadas al futuro ejercicio profesional. Entre los posibles impactos positivos, el estudiantado identificó la facilitación del aprendizaje, la ampliación del acceso a recursos educativos, la personalización de las experiencias formativas y el estímulo de la innovación y la creatividad. En este sentido, la inteligencia artificial fue imaginada como un recurso capaz de apoyar la planificación docente, diversificar las estrategias metodológicas y ofrecer respuestas más ajustadas a las necesidades de las y los estudiantes. Su potencial inclusivo se relacionó con la posibilidad de generar apoyos diferenciados y reducir algunas barreras de acceso a la información y al aprendizaje.

Sin embargo, junto con estas expectativas surgieron preocupaciones éticas y pedagógicas significativas. Entre ellas se mencionaron el riesgo de generar dependencia tecnológica, la pérdida progresiva del pensamiento crítico, la disminución de la autonomía cognitiva, la circulación de información incorrecta o sesgada y el uso abusivo de sistemas automatizados. También apareció el temor de que la inteligencia artificial pudiera interpretarse como un sustituto del profesorado, debilitando el valor de la interacción humana y del juicio pedagógico. La exposición sostuvo que estas inquietudes no debían ser entendidas únicamente como una resistencia al cambio, sino como advertencias legítimas sobre los efectos que podía producir una implementación carente de orientación formativa, regulación ética y propósito educativo.

A partir de los resultados, se plantearon tres imperativos para la formación pedagógica. El primero correspondió a una familiarización guiada, destinada a transformar el acceso superficial en un uso académico sistemático y significativo. El segundo fue la construcción de un marco ético, mediante el cual se abordarán de manera explícita la privacidad, la autoría, la veracidad de la información, los sesgos algorítmicos y la dependencia cognitiva. El tercero se relacionó con la integración curricular de competencias específicas en inteligencia artificial, de modo que los futuros profesores superaran el rol de usuarios instrumentales y desarrollaran capacidades para seleccionar, evaluar y aplicar estas tecnologías desde criterios pedagógicos.

En sus conclusiones, la ponencia sostuvo que la respuesta educativa no debía limitarse a permitir o prohibir el uso de inteligencia artificial. El desafío consistía en formar a los futuros docentes para utilizarla de manera crítica, ética, responsable y consciente. Esto suponía enseñarles a formular instrucciones pertinentes, verificar las respuestas obtenidas, identificar errores y sesgos, reconocer los límites de la automatización y tomar decisiones fundamentadas acerca de su incorporación en la enseñanza. La alfabetización en inteligencia artificial fue presentada, de este modo, como una competencia pedagógica emergente que debía articular capacidades tecnológicas, informacionales, didácticas y éticas.

Finalmente, la exposición propuso comprender la inteligencia artificial como un complemento estratégico de la labor docente y no como un reemplazo del profesorado. Su aporte dependería de que se utilizara para fortalecer la creatividad, la reflexión, la inclusión y la toma de decisiones pedagógicas, sin desplazar la experiencia, la sensibilidad y el juicio profesional de quienes enseñaban. Desde esta perspectiva, la formación inicial docente debía contribuir al cierre de las brechas de conocimiento y uso, al desarrollo del pensamiento crítico y a la construcción de criterios que permitieran aprovechar las posibilidades de la IA sin renunciar al carácter humano, ético y transformador de la educación.

Compartimos presentación de la sesión:

Nota: Imágenes creadas con inteligencia artificial

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