Taller Inteligencia artificial y educación. Aprender con IA, no delegar el aprendizaje – Red Crecemos – 21 de agosto 2026
Este viernes 21 de agosto del 2026 estuvimos compartiendo con los colegas y estudiantes de la Red Crecemos, de colegios en La Florida, sobre la integración de la inteligencia artificial en la labor educativa como parte de las actividades de vinculación del Observatorio sobre el uso de la IA en educación del Instituto de Educación y Lenguaje FEDU de Universidad de Las Américas. La presentación se tituló “Inteligencia artificial y educación. Aprender con IA, no delegar el aprendizaje” y correspondió a una instancia de inducción y preparación dirigida a los estudiantes que participan en el Torneo de Debates Estudiantiles 2026 de la Red Educacional Crecemos. La actividad tuvo como propósito introducir a los participantes en la temática central del concurso: la relación entre inteligencia artificial generativa, educación y aprendizaje. A través de la sesión buscamos que los estudiantes contaran con una base conceptual común antes de iniciar la construcción de argumentos, la recopilación de evidencias y la preparación de las distintas intervenciones que debieron realizar durante el torneo.
La sesión se organizó como un espacio para aprender, pensar y debatir sobre una problemática que ya formaba parte de la experiencia cotidiana de los estudiantes. La inteligencia artificial se encontraba presente en diversas herramientas digitales utilizadas para buscar información, producir textos, resolver dudas, organizar tareas y crear contenidos. Por esta razón, la presentación no se limitó a describir su funcionamiento, sino que también invitó a reflexionar sobre la manera en que estas tecnologías estaban modificando las formas de estudiar, comunicarse y aprender. La pregunta que orientó el recorrido fue cómo incorporar la inteligencia artificial en la educación sin renunciar al pensamiento propio, la responsabilidad personal y el esfuerzo necesario para aprender.
En una primera parte, explicamos qué era la inteligencia artificial generativa y cómo producía sus resultados. Los estudiantes pudieron comprender que estas herramientas no pensaban, sentían ni comprendían como las personas, sino que procesaban grandes volúmenes de datos, reconocían patrones y generaban respuestas mediante predicciones estadísticas. Esta explicación permitió analizar por qué una respuesta generada por inteligencia artificial podía parecer clara, ordenada y convincente, aunque contuviera errores, información incompleta o afirmaciones sin respaldo. De esta manera, introdujimos la importancia de verificar los datos, contrastar distintas fuentes y no aceptar automáticamente una respuesta solo porque estaba bien redactada.

Posteriormente, revisamos las principales razones por las que resultaba necesario abordar la inteligencia artificial en la educación. Explicamos que ignorar su existencia o limitarse a prohibirla no impedía necesariamente que los estudiantes la utilizaran, sino que podía conducir a usos poco orientados, escasamente transparentes o carentes de criterios formativos. En este contexto, la alfabetización en inteligencia artificial se presentó como una habilidad relevante para comprender sus alcances, reconocer sus limitaciones y tomar decisiones responsables. Aprender sobre estas tecnologías permitió que los estudiantes estuvieran mejor preparados para desenvolverse en un entorno en el que debían evaluar información, identificar sesgos, proteger sus datos y asumir la responsabilidad por los resultados obtenidos.
La presentación también abordó las oportunidades pedagógicas de la inteligencia artificial. Analizamos cómo podía utilizarse para explorar ideas, resolver dudas iniciales, organizar información, practicar habilidades, preparar evaluaciones, revisar borradores y comparar distintas perspectivas sobre un mismo problema. Asimismo, explicamos que podía actuar como una interlocutora capaz de formular preguntas, proponer ejemplos o entregar una retroalimentación preliminar. Estas posibilidades fueron examinadas desde una perspectiva crítica, considerando que el valor educativo de la herramienta dependía del propósito con que se utilizaba y del nivel de participación que mantenía el estudiante durante el proceso.
Junto con estos beneficios, examinamos los principales riesgos asociados al uso de la inteligencia artificial en contextos educativos. Entre ellos se encontraban la generación de datos falsos o fuentes inexistentes, la reproducción de sesgos presentes en la información utilizada para entrenar los sistemas, la difusión de contenidos engañosos, la exposición de datos personales y la desigualdad en el acceso a las herramientas digitales. También revisamos el riesgo de obtener respuestas demasiado similares o estandarizadas, lo que podía reducir la diversidad de ideas y dificultar la construcción de una voz propia. Otro aspecto relevante fue la autoría, ya que el uso poco transparente de estas tecnologías podía impedir reconocer qué parte de un trabajo había sido realizada efectivamente por el estudiante.
Uno de los contenidos centrales de la presentación fue la denominada delegación cognitiva. Explicamos que esta ocurría cuando una persona transfería a la inteligencia artificial procesos mentales indispensables para aprender, como comprender, relacionar, interpretar, resolver, argumentar, crear o tomar decisiones. A partir de esta idea, invitamos a los estudiantes a distinguir entre utilizar una herramienta como apoyo y permitir que esta sustituyera completamente su participación intelectual. En este sentido, destacamos que un producto bien escrito o una respuesta correcta no garantizaban que hubiera existido aprendizaje si el estudiante no comprendía lo que presentaba, no podía explicar cómo había llegado a sus conclusiones o no era capaz de defenderlas frente a preguntas y objeciones.
Esta reflexión fue especialmente importante para preparar la participación en el torneo, porque debatir exigía mucho más que reunir información. Los estudiantes debían comprender la tesis, interpretar sus conceptos, seleccionar evidencias pertinentes, establecer relaciones entre ideas y construir una línea argumentativa coherente. Además, tuvieron que prepararse para escuchar a la bancada contraria, reconocer sus planteamientos, detectar posibles debilidades y responder de manera fundamentada. La inteligencia artificial podía colaborar en algunas etapas de esta preparación, pero no podía reemplazar la comprensión del tema, la toma de decisiones estratégicas ni la capacidad de responder de manera autónoma durante el debate.

También presentamos una ruta de decisión para integrar la inteligencia artificial con sentido pedagógico. Esta ruta comenzó con la definición del aprendizaje que se deseaba alcanzar, antes de seleccionar una herramienta o decidir cómo utilizarla. Luego, fue necesario evaluar si la inteligencia artificial contribuía realmente al propósito de la actividad, precisar para qué se utilizaría y establecer qué acciones debían ser realizadas directamente por el estudiante. Con ello, buscamos dejar claro que la tecnología podía actuar como apoyo, tutora, interlocutora o simuladora, pero que la autoría, el juicio crítico y la responsabilidad por las decisiones debían permanecer siempre en las personas.
Otro contenido relevante fue el principio de control cognitivo. Explicamos que, mientras mayor fuera la intervención de la inteligencia artificial en una tarea, mayor debía ser la exigencia de reflexión, verificación y transparencia. Esto implicaba que los estudiantes debían ser capaces de declarar cómo habían utilizado la herramienta, qué instrucciones le habían entregado, qué respuestas habían recibido, qué errores habían identificado y qué modificaciones habían realizado. También debían contrastar la información obtenida con fuentes confiables y justificar por qué habían aceptado, rechazado o reformulado determinadas propuestas. El objetivo fue evitar que la inteligencia artificial operara como una caja cerrada que entregaba productos terminados y promover, en cambio, un uso consciente cuyo proceso pudiera ser examinado y explicado.
En este marco, presentamos un semáforo de integración que permitió distinguir diferentes niveles de uso de la inteligencia artificial. En una categoría permitida se ubicaron las acciones destinadas a explorar, practicar, organizar información o recibir retroalimentación inicial. En un nivel condicionado se situaron los usos que exigían declarar la intervención de la herramienta, registrar el proceso, verificar los datos o realizar un análisis crítico de sus resultados. Finalmente, en una categoría restringida se consideraron aquellos usos que impedían demostrar el aprendizaje fundamental, sustituían completamente el trabajo del estudiante o introducían riesgos relacionados con la privacidad, el fraude, la desinformación o el sesgo.
La exposición también abordó la necesidad de contar con acuerdos comunes para regular el uso de estas tecnologías. Más que establecer prohibiciones generales, conversamos sobre la importancia de definir principios relacionados con la privacidad, la integridad académica, la propiedad intelectual y el reconocimiento de la autoría. Asimismo, planteamos la necesidad de diferenciar entre un error involuntario, un uso no autorizado y una situación de fraude. Esta distinción permitió que los estudiantes comprendieran que una regulación adecuada no buscaba controlar cada herramienta disponible, sino proporcionar criterios que facilitaran la toma de decisiones informadas y responsables en distintos contextos.
A partir de estos contenidos, orientamos la conversación hacia la tesis central del torneo: frente a la inteligencia artificial generativa, ¿debía la escuela enseñar a utilizarla o limitar su influencia en el aprendizaje? Los estudiantes pudieron reconocer que ambas posiciones contaban con argumentos relevantes y que el desafío consistía en comprenderlas antes de defender una de ellas. La bancada a favor podía sostener que enseñar a utilizar la inteligencia artificial preparaba a los estudiantes para enfrentar responsablemente una realidad tecnológica inevitable. Por su parte, la bancada en contra podía advertir que una presencia excesiva de estas herramientas debilitaba la autonomía, la creatividad, el pensamiento propio y el desarrollo de habilidades fundamentales.

La preparación buscó que los participantes examinaran la temática desde perspectivas distintas, incluso cuando alguna de ellas no coincidiera con sus opiniones personales. Para ello, debieron identificar conceptos centrales, investigar antecedentes, seleccionar evidencias verificables y anticipar las posibles objeciones de la bancada contraria. También pudieron formular preguntas estratégicas, detectar contradicciones y preparar respuestas breves y fundamentadas. Este ejercicio fue especialmente relevante para los momentos de contraargumentación, los puntos de información y el fuego cruzado, instancias en las que debían demostrar capacidad de escucha, agilidad mental, dominio del tema y autorregulación.
La actividad permitió vincular directamente la alfabetización en inteligencia artificial con las competencias formativas promovidas por el torneo. Investigar sobre estas tecnologías exigió diferenciar hechos de opiniones, revisar la calidad de las fuentes y reconocer la existencia de perspectivas contrapuestas. Argumentar requirió organizar las ideas de manera lógica, sustentar las afirmaciones con evidencias y comunicar una postura de forma clara. Contraargumentar implicó escuchar atentamente, comprender la posición del otro y responder a sus planteamientos sin recurrir a descalificaciones personales. De este modo, la temática de la inteligencia artificial se transformó en una oportunidad para fortalecer el pensamiento crítico, la expresión oral, el trabajo en equipo y el respeto por las opiniones divergentes.
En la parte final de la presentación, invitamos a los estudiantes a poner en práctica lo aprendido mediante la construcción inicial de las dos bancadas. Una de ellas defendió la necesidad de enseñar a utilizar la inteligencia artificial, mientras que la otra argumentó a favor de limitar su influencia en el aprendizaje. Este ejercicio permitió comenzar a identificar argumentos, evidencias, ejemplos, riesgos y posibles respuestas para cada postura. También ayudó a comprender que un buen debate no consistía solamente en defender una opinión personal, sino en analizar un problema desde diferentes ángulos y construir una posición capaz de responder de manera sólida a preguntas y objeciones.
Nota: Imágenes creadas con inteligencia artificial.
