Charla “Desafíos de la inteligencia artificial en las comunicaciones” – Jornada de comunicaciones SLEP – 27 de agosto 2026

Este jueves 27 de agosto de 2026 fuimos invitados a participar en la Jornada de Comunicaciones de los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP): “Trabajo en red para el fortalecimiento del Sistema”, organizada por el Subdepartamento de Comunicaciones de la Dirección de Educación Pública. La actividad se desarrolló en el auditorio de la Universidad de Las Américas, en Santiago, y reunió a encargados y equipos de comunicaciones de los Servicios Locales de Educación Pública. El encuentro tuvo como propósito entregar lineamientos para el posicionamiento del sistema, promover el intercambio de estrategias comunicacionales y fortalecer la colaboración entre los distintos territorios que forman parte de la educación pública chilena y participamos como parte de las actividades de vinculación del Instituto de Educación y Lenguaje y del al Observatorio sobre el Uso de Inteligencia Artificial en Educación de la Universidad de Las Américas.

Nuestra participación se concretó mediante la presentación “Desafíos de la Inteligencia Artificial en las Comunicaciones: panorama actual, usos, riesgos y posibles futuros”. La exposición propuso una mirada amplia sobre las transformaciones que está produciendo la inteligencia artificial en el periodismo y las comunicaciones institucionales, considerando sus posibilidades prácticas, las inquietudes que genera entre las audiencias y los desafíos profesionales, éticos y organizacionales asociados a su incorporación.

La presentación comenzó situando el avance de la inteligencia artificial dentro de un escenario comunicacional marcado por una nueva disrupción. Después de varios años de transformación digital, los medios y las instituciones enfrentan un ecosistema en el que las redes sociales, las plataformas de video, los creadores independientes y los sistemas generativos compiten por la atención de las personas. En este contexto, la pregunta ya no se reduce a determinar dónde se consumen las noticias, sino que también obliga a analizar quién controla el acceso a la información, mediante qué mecanismos se seleccionan los contenidos y de qué manera estas decisiones influyen en la relación con las audiencias.

Para comprender este escenario, la exposición presentó tres perspectivas complementarias. La primera correspondió a la brecha semántica, es decir, la distancia entre la capacidad de los sistemas automatizados para procesar datos, cifras y estructuras lingüísticas, y sus limitaciones para interpretar con precisión aspectos como el contexto, la ironía, los códigos culturales y las particularidades de cada comunidad. La segunda se relacionó con la comunicación entre personas y máquinas, considerando que la inteligencia artificial ya no funciona únicamente como un instrumento pasivo, sino que comienza a intervenir como un actor dentro del proceso comunicacional. La tercera perspectiva se vinculó con el principio de supervisión humana, que plantea la necesidad de mantener a las personas en los procesos de revisión, validación y toma de decisiones.

Uno de los aspectos centrales fue la transformación de la figura del emisor. Cuando un sistema genera una respuesta, redacta una noticia, resume un documento o adapta un contenido para distintos canales, comienza a participar directamente en la construcción del mensaje. Esta situación exige revisar conceptos tradicionales como fuente, autoría, credibilidad e intencionalidad. La confianza de las audiencias puede cambiar de manera considerable dependiendo de si conocen o desconocen la participación de una tecnología en la elaboración de la información. Por ello, la transparencia sobre el uso de inteligencia artificial se convierte en un elemento esencial para conservar la legitimidad y la confianza pública.

La exposición también profundizó en la distancia que existe entre las capacidades de procesamiento de la inteligencia artificial y el criterio profesional requerido para comprender una realidad determinada. Los sistemas pueden identificar patrones, organizar datos y producir textos correctos desde el punto de vista sintáctico. Sin embargo, todavía presentan limitaciones para interpretar en forma confiable la información implícita, los matices culturales, las particularidades territoriales y las consecuencias sociales de un mensaje. En esa brecha se mantiene buena parte del valor del trabajo periodístico y comunicacional, especialmente cuando se requiere distinguir lo relevante, contextualizar los hechos y tomar decisiones responsables acerca de aquello que se publica.

En relación con las audiencias, se explicó que la aceptación de estas tecnologías varía considerablemente según el nivel de intervención humana. Existe una mayor disposición a recibir contenidos elaborados con apoyo de inteligencia artificial cuando se informa de manera explícita que fueron revisados por profesionales. En cambio, los contenidos producidos de manera completamente automatizada generan una mayor distancia, debido a las dudas que despiertan en torno a su transparencia, confiabilidad y precisión. Este fenómeno permite observar una paradoja: las personas aceptan ampliamente la inteligencia artificial como una herramienta de apoyo, pero manifiestan mayores reparos cuando aparece como autora directa de una información.

La realidad chilena fue otro de los temas abordados. Aunque una proporción importante de la población declara utilizar herramientas de inteligencia artificial, persisten dificultades para reconocer errores, sesgos y resultados poco confiables. Esta situación permite distinguir entre la familiaridad tecnológica y la alfabetización crítica. Probar una plataforma o utilizar ocasionalmente un asistente generativo no significa necesariamente comprender su funcionamiento, evaluar la calidad de sus respuestas o reconocer las implicancias de compartir datos personales. Por esta razón, la exposición planteó que la alfabetización en inteligencia artificial constituye uno de los desafíos menos visibles, pero más importantes, para las organizaciones y la ciudadanía.

A continuación, se revisaron diferentes aplicaciones de la inteligencia artificial en el trabajo comunicacional. En la etapa de investigación, estas herramientas pueden facilitar la revisión de grandes volúmenes de documentos, la identificación de entidades, el cruce de antecedentes y la realización de consultas sobre bases de información extensas. Plataformas como Google Pinpoint, Perplexity AI y NotebookLM ejemplificaron las posibilidades de apoyo para organizar fuentes, localizar datos y explorar información antes de iniciar la producción de un contenido.

En la fase de elaboración, la inteligencia artificial puede colaborar en la transcripción de entrevistas, la traducción de materiales, la generación de borradores, la síntesis de informes y la adaptación de textos a diferentes formatos y públicos. También puede apoyar la creación de imágenes, audios y otros recursos multimedia. Estas aplicaciones permiten acelerar algunas tareas operativas, pero no eliminan la responsabilidad de quienes participan en el proceso. La revisión de las fuentes, la precisión de los antecedentes, la pertinencia del lenguaje y la decisión final sobre lo que se publica continúan siendo responsabilidades humanas.

La verificación fue presentada como una de las áreas más relevantes para el futuro de las comunicaciones. Existen sistemas capaces de identificar contenidos sintéticos o manipulados en imágenes, audios y videos, además de reconocer patrones asociados a la desinformación y rastrear el origen de determinados materiales. Sin embargo, se enfatizó que estas plataformas constituyen apoyos y no mecanismos infalibles. La comprobación final debe basarse en fuentes primarias, contraste de antecedentes y juicio profesional. La inteligencia artificial puede contribuir a igualar la velocidad con que circulan los contenidos falsos, pero no puede asumir por sí sola la responsabilidad de decidir qué información es verdadera, pertinente y publicable.

La desinformación representa un desafío especialmente sensible para las instituciones públicas, debido a que sus mensajes deben responder a estándares elevados de claridad, trazabilidad y responsabilidad. La facilidad con que actualmente pueden generarse textos, imágenes, voces y videos aumenta el volumen de contenidos potencialmente engañosos y reduce el tiempo disponible para verificarlos. Frente a esta realidad, los equipos de comunicaciones necesitan combinar herramientas de detección con protocolos de comprobación, criterios editoriales y capacidades para actuar oportunamente cuando circula información incorrecta.

La presentación sostuvo que la transparencia debe ser entendida como una estrategia comunicacional y no solamente como una obligación ética. Informar cuándo se utilizó inteligencia artificial, señalar con qué finalidad y explicar el tipo de revisión humana aplicada puede contribuir a proteger la confianza de las audiencias. Por el contrario, utilizar sistemas generativos sin declarar su intervención puede debilitar la credibilidad institucional, aun cuando el contenido publicado sea técnicamente correcto. La transparencia permite reconocer la responsabilidad de quienes participan en la elaboración del mensaje y mantener una relación más clara con la ciudadanía.

También se abordaron las transformaciones que podrían consolidarse durante los próximos años. El desarrollo de la inteligencia artificial avanza desde herramientas destinadas a tareas aisladas, como producir titulares, resumir documentos o transcribir entrevistas, hacia agentes capaces de participar en flujos de trabajo más amplios. Estos sistemas podrían investigar, cruzar datos, mantener contenidos actualizados y ejecutar secuencias de acciones con mayores grados de autonomía. Este cambio obligará a las instituciones a revisar sus procedimientos, definir límites claros y establecer mecanismos permanentes de supervisión.

Hacia 2030 podría consolidarse un ecosistema híbrido, caracterizado por la convivencia entre sistemas automatizados y funciones profesionales redefinidas. En este escenario adquirirían mayor relevancia perfiles como especialistas en análisis de datos, profesionales dedicados a la verificación de contenidos sintéticos, auditores de algoritmos y responsables de la ética, la privacidad y la transparencia. Más que producir una sustitución general de las personas, la inteligencia artificial podría modificar las tareas, las competencias necesarias y las formas de organizar el trabajo comunicacional.

A partir de este análisis, se destacó la necesidad de rediseñar los flujos de trabajo y no limitarse a automatizar actividades aisladas. Incorporar inteligencia artificial implica revisar el proceso completo, identificar las etapas en que la tecnología puede aportar valor, establecer puntos de control humano y determinar las decisiones que deben permanecer bajo responsabilidad profesional. La adopción no debería responder solamente a la novedad o a la presión por aumentar la productividad, sino a propósitos institucionales claros y a criterios relacionados con la calidad, la seguridad y la confianza.

Entre las principales conclusiones se planteó que la transparencia algorítmica resulta fundamental para conservar la credibilidad; que la alfabetización crítica debe acompañar la incorporación de nuevas herramientas; que la desinformación requiere combinar tecnologías de detección con una verificación humana ágil; y que el principal valor de los equipos de comunicaciones se encuentra en la producción de análisis originales, pertinentes y conectados con las necesidades de sus comunidades. Estos elementos permiten diferenciar una comunicación responsable de la generación automática de contenidos.

La participación en la Jornada de Comunicaciones de los SLEP permitió relacionar estas reflexiones con los desafíos propios de la educación pública. Las herramientas de inteligencia artificial pueden apoyar el procesamiento de información territorial, la adaptación de contenidos, la ampliación de la accesibilidad y la elaboración de materiales dirigidos a distintos públicos. Sin embargo, su incorporación requiere orientaciones compartidas, criterios éticos, formación profesional y espacios de intercambio entre los equipos responsables.

En este sentido, el trabajo en red promovido por la jornada adquiere especial relevancia. Compartir experiencias permite reconocer buenas prácticas, anticipar riesgos y avanzar hacia criterios comunes para el uso de la inteligencia artificial en las comunicaciones públicas. La colaboración entre los Servicios Locales puede contribuir a que la adopción tecnológica no se produzca de manera fragmentada, sino mediante procesos acompañados, reflexivos y coherentes con los principios del sistema educativo público.

Finalmente, la exposición propuso comprender la inteligencia artificial como una transformación estructural y no como una simple sustitución del trabajo humano. Estas tecnologías pueden ampliar las capacidades de investigación, acelerar determinados procesos y ofrecer nuevas posibilidades para producir y distribuir información. No obstante, el criterio editorial, la responsabilidad ética, el conocimiento de las comunidades y la capacidad de interpretar contextos continúan siendo activos insustituibles.

La presencia en esta jornada constituyó una valiosa oportunidad para aportar al diálogo sobre el futuro de las comunicaciones y reafirmar la necesidad de avanzar hacia una incorporación consciente de la inteligencia artificial. El desafío no consiste únicamente en aprender a utilizar nuevas herramientas, sino en asegurar que su uso contribuya a crear comunicaciones públicas más rigurosas, transparentes, confiables y centradas en las personas. Al igual que en otras experiencias académicas y profesionales difundidas previamente, la actividad permitió articular reflexión, evidencia y orientaciones prácticas para abordar críticamente el impacto de la inteligencia artificial.

Presentación:

Cápsula web:

Nota: Imágenes creadas con inteligencia artificial

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